
El estereoscopio de los solitarios
El estereoscopio de los solitarios
Edhasa
Un virtuoso, un escritor inclasificable, un verboso, un tipo demasiado culto...
ABC
Risvolto
Wilcock definio El estereoscopio de los solitarios como "una novela con setenta personajes que nunca llegan a conocerse". Como la mayoría sus afirmaciones, ésta nos conmueve tanto por su ingenio como por su lógica implacable. Cada uno de los personajes que aparecen en este libro atrapa la atención del lector y la conduce a ese mundo wilckockiano donde lo fantástico resulta absolutamente natural: un centauro hambriento que pinta naturalezas muertas, Medusa y sus amantes convertidos en estatuas, la gallina asesora literaria de una editorial, dos amantes que se devoran entre sí, el oráculo que recorre la ciudad en camioneta, una sociedad de escritores dentro de un armario. Como en las imágenes de un estereoscopio, se despliega aquí todo el universo del autor.
Wilcock atesora y distorsiona mitos y leyendas, convoca terrores y supersticiones contemporáneas al unisono y logra con modesta eficacia lo que muchos se afanan en conseguir. El gran crítico Héctor Bianciotti se refirió a esta obra como "una comedia humana en que una cólera amarga, a lo Céline, se disimula bajo gags al estilo de los hermanos Marx".
Wilcock atesora y distorsiona mitos y leyendas, convoca terrores y supersticiones contemporáneas al unisono y logra con modesta eficacia lo que muchos se afanan en conseguir. El gran crítico Héctor Bianciotti se refirió a esta obra como "una comedia humana en que una cólera amarga, a lo Céline, se disimula bajo gags al estilo de los hermanos Marx".




