
El ingeniero
El ingeniero
Losada
Risvolto
Mientras en los Andes las estaciones se renuevan y surgen entre la nieve impetuosos arroyos, nacen grandes flores negras y pequeñas flores amarillas y de nuevo vuelve el invierno, el ingeniero pone en orden sus estantes, es repelido y atraído por la inmensa ciudad lejana, decide partidas y las pospone y, mientras tanto, va construyendo en torno de sí mismo una bien protegida muralla de dudas y de desaprobaciones, a veces quebrada o de cualquier forma vuelta ambigua por las sombras fugaces de los padres de los niños comidos: el de Navidad, el de Pascua...
La novela de Wilcock es una alegoría muy tenue y poética de los placeres de la soledad y de la diversidad. Más allá de las puertas de sus cabañas prefabricadas, en las noches heladas y llenas de estrellas de los Andes. El ingeniero de veinticuatro años vuelve a pensar en las lejanas satisfacciones de su vida civil, a lo mejor suspira, pero su capacidad de vivir y de gozar están todavía intactas: niños nacen tantos, los padres son tan distraídos... Y el estupendo paisaje justifica cualquier sacrificio provisorio.




