
Sexto
Sexto
Emecé
Risvolto
Sexto, que probablemente deba su título al hecho de haber sido precedido por otros cinco libros de poesía, revela a un Wilcock en la plenitud de su ser poeta. Al dominio certero de la materia y la forma con que trabaja -lenguaje, ritmo, métrica...-, se une un sentimiento de la vida desbordante, apasionado, aunque matizado por el pesimismo y la conciencia dolorosa de la fugacidad. Si en Los hermosos días los poemas giraban en torno del amor perdido y la acechanza de la muerte, este libro retoma esos temas pero los subordina a otro que, a su vez, los abarca: el tiempo. "Todo se lleva el tiempo en su victoria;/ y el pensamiento como la ma-teria,/ se dispersa en el viento de la historia." Ese tiempo, que contempla impasible el devenir de las criaturas, es quien ha hecho del poeta alguien que ya apenas se reconoce a sí mismo: "Casi no sé de quién son estas manos,/las manos que acarician tus mejillas..."
Nostalgia, angustia existencial, ansia de felicidad y belleza, desdén por todo lo corruptible, son algunos de los motivos preferidos de este poeta argentino que dejó dos veces su patria (si la lengua es también una patria) para adoptar la italiana. La sutileza, el vigor y la ironía dieron a la obra de Wilcock un sabor singular y aun revulsivo, ese que hizo a Pier Paolo Pasolini atribuirle una "comicidad de condenado al infierno".
Nostalgia, angustia existencial, ansia de felicidad y belleza, desdén por todo lo corruptible, son algunos de los motivos preferidos de este poeta argentino que dejó dos veces su patria (si la lengua es también una patria) para adoptar la italiana. La sutileza, el vigor y la ironía dieron a la obra de Wilcock un sabor singular y aun revulsivo, ese que hizo a Pier Paolo Pasolini atribuirle una "comicidad de condenado al infierno".




